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Por fin publicado el libro!

Ya está a la venta el libro Progresiones secundarias de la Luna y el devenir de la existencia.

Me siento muy contento de haberlo logrado, y estoy convencidísimo de que todos aquellos que seguís con interés cada uno de los artículos sobre la Luna progresada en los signos, y aquellos a quienes he levantado sus Mapas temporales de las Lunaciones lo vais a comprar, al precio de lanzamiento que es de solamente 8 € !!.

Inspirado por la muy cálida respuesta de los lectores de AstroBlog hacia toda la serie de artículos que publiqué sobre la Luna, he multiplicado los contenidos de esos artículos confecciónando este libro, que es un manual completo sobre el uso y la interpretación de las progresiones secundarias de la Luna.

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Hay mucho material nuevo  en este libro, y como ejemplo de ello, os invito en este blog a leer un capítulo íntegro del libro, totalmente inédit

Así que sin más, os invito a leer uno de los capítulos, La rosa azul de Alejandría.
 

 

 La rosa azul de Alejandría


El ciclo solilunar en progresiones secundarias no es complicado de calcular, pero es uno de los más sutiles y escurridizos parámetros de medida que la astrología nos ofrece. Pocos son capaces de entender el significado más profundo de este ciclo porque para poder penetrar en ello, uno debe primero abandonar la nefasta manía de buscar únicamente una información con la que auto complacerse.

¿De que sirve plantarse delante de los misterios del universo si la única pregunta que a uno se le ocurre es...¿y que hay de lo mio?

Que hay de lo mio es la respuesta instintiva, constante e inevitable en la que toda criatura viviente se agita sin cesar, y aún siendo clave para la supervivencia, es una limitación paralizante en la búsqueda de la sabiduría, porque carga al ser con un peso que le impide salir del encajonamiento en la insatisfacción de la percepción egóica.   
Esta actitud egóica, si bien es sana y necesaria para enfrentarse a la mayoría de los retos cotidianos sin dejarse devorar por los depredadores, se vuelve pestilente cuando se disfraza de una supuesta conciencia espiritual.

Frente a la casi insoportable intrascendencia de la efímera vida humana, no hay nada como regodear-me frente a un espejo cósmico adornado de héroes, princesas, dragones y dioses olímpicos, y en su adulador reflejo me abandono para sentirme especial e importante.

Hay quienes pretenden sostener la astrología en su mano como el cáliz de la sabiduría cósmica que devuelve al individuo las claves de un sentimiento de pertenencia con el Cosmos mientras que en realidad, y demasiado a menudo, la practica astrológica se reduce a una parafernalia de clichés regurgitados que resultan ideales para fomentar las fantasías egomaníacas de personas anquilosadas en la futilidad.

La neurosis típica de quien se obsesiona con su carta natal oscila entre la descabellada creencia en la posesión personal de las fuerzas cósmicas;

“Mi Júpiter, mi Venus, yo tengo a Marte en…”

y una especie de hipocondría debilitante desde donde uno se siente el centro de atención y la victima de malvadas conspiraciones planetarias;

“!Neptuno me hará una cuadratura el año que viene…oh dios pobre de mi!”  

Evidentemente desde este estado de cosas es muy difícil llegar a ninguna parte. Cada uno de nosotros es el campo de experimentación de la vida, no nos cabe duda, pero sabemos que la vida tiene objetivos propios para los cuales está dispuesta a sacrificar a millones de individuos, si es necesario, con tal de obtener sus objetivos.
La vida derrocha sin cesar, y da oportunidades a sus criaturas que raramente son aprovechadas.

La rosa azul de Alejandría es la rosa inalcanzable, imposible, de la perfección y ha de ser buscada en el basurero de todos los sufrimientos. Es el símbolo del logro máximo de una vida plena de sentido y belleza.
Me he tomado la libertad de nombrar así este mapa, diseñado a partir de un modelo de Alexander Ruperti, quien fue discípulo de Dane Rudhyar, y que hace años desarrollé más allá del modelo original en el que se inspiraba.

El ciclo solilunar en las progresiones secundarias -me parece a mi-, es un parámetro que describe nuestro devenir únicamente desde donde nuestra existencia resulta de utilidad…para la vida misma. 

El gráfico siguiente, es una manera de representar el ciclo solilunar dividiéndolo en hemiciclos concéntricos que tienen cada uno de ellos un punto de partida en una  de las cuatro fases principales del ciclo y un punto de destino en la fase opuesta.

Cada uno de estos hemiciclos tiene por lo tanto un hemiciclo opuesto, que es un reflejo invertido del mismo, y el significado de cada par de hemiciclos está determinado por la cualidad energética (astronómica) o simbólica (astrológica) de los polos opuestos que definen su mutabilidad en su comienzo y en su final.
En el gráfico, vemos que desde la Luna Nueva hasta la Luna Llena, encontramos el hemiciclo de la Exteriorización, mientras de la Luna Llena a la Luna Nueva estamos en el hemiciclo de la Interiorización.
Evidentemente, esto es así no solamente por el factor de luminosidad ora creciente, ora menguante, sino también porque astronómicamente estos hemiciclos describen el movimiento de alejamiento primero, y después de acercamiento de la Luna con respecto al Sol.

El segundo “par de pétalos” divide el ciclo en otras dos mitades, desde el Cuarto Creciente al Cuarto Menguante, que es el hemiciclo de la Objetividad y Desde el Cuarto Menguante hasta el Cuarto Creciente, definiendo el hemiciclo de la Subjetividad.
La analogía simbólica aquí se presenta por el hecho de que el hemiciclo de la Objetividad se caracteriza por el tramo de recorrido de la Luna al exterior de la órbita terrestre, y por la preponderancia de la luz sobre la oscuridad, (percepción del objeto formado), y el hemiciclo de la Subjetividad recorre todo el interior de la orbita terrestre respecto al Sol y por la preponderancia de la oscuridad sobre la luz, (percepción del sujeto contenido)
Estos dos pares de hemiciclos son muy sencillos de entender. Y sus intersecciones dividen cada hemiciclo en dos fases principales formando cuatro combinaciones que establecen como punto de partida, cada una de las fases principales de la Luna; las fases  1, 3, 5, y 7, y que  podemos definir como:
Exteriorización Subjetiva, Exteriorización Objetiva, Interiorización Objetiva e Interiorización Subjetiva.
La Exteriorización Subjetiva (primer cuadrante de la Lunación, entre la Luna Nueva y el Cuarto Creciente) implica que en esta fase la vida nos empuja a “sacar de dentro” aquello que tiene que salir, pero uno todavía lo experimenta como algo que ocurre “al interior” de sus impulsos.

La Exteriorización Objetiva (segundo cuadrante de la Lunación entre el Cuarto Creciente y la Luna Llena) fuerza a llevar, aquello que emerge al terreno de la manifestación física, concreta y externa.

La Interiorización Objetiva (tercer cuadrante de la Lunación entre la Luna Llena y el Cuarto Menguante) se impregna de la constatación de que se ha alcanzado un límite, y que el impulso se dirige de nuevo hacia la fuente, aún manteniendo las formas externas de expresión.

La Interiorización Subjetiva (cuarto cuadrante de la lunación entre el Cuarto Menguante y la Luna Nueva) intenta producir la síntesis de toda la experiencia vital, desprendiéndose de los envoltorios, para extraer un resultado-semilla que ha de impulsar un nuevo ciclo.

Hasta aquí el modelo esencial.
Ahora vamos a separar nuevamente el ciclo soli-lunar en dos nuevos pares de hemiciclos exteriores que tienen como puntos de intersección, cada una de las cuatro fases secundarias; es decir las fases 2, 4, 6, y 8.


Obtenemos así una rosa de cuatro pares de pétalos que desarrollan una estructura espiral.
El tercer par de pétalos divide el ciclo entre el comienzo de la octava fase -Balsámica-, y el comienzo de la cuarta fase -Gibosa Creciente- para el hemiciclo Individual, y viceversa para el hemiciclo Colectivo.
Entendamos que el comienzo del hemiciclo Colectivo (fase 4) exige que los esfuerzos de la expresión personal trasciendan hacia una implicación con las energías transpersonales. Aquí uno tiene que extraerse de la invisibilidad de su propia burbuja individual – la Luz está a punto de cubrir toda la faz de la Luna-,  para formar parte de, y cumplir plenamente su función con el colectivo social o cultural que ha de recibir lo que uno “trae consigo”.

En el final del hemiciclo Colectivo (comienzo de la octava fase) la luz está a punto de desaparecer, y eso forzará a constatar la tremenda fuerza y poder de lo Colectivo, y como desde la cultura y la herencia racial se condicionan los sentimientos y pensamientos del individuo. Lo que queda de luz, es el residuo de la Luna Llena. En esta encrucijada, uno tendrá que separarse de algún aspecto concreto de su vida para poder emerger a un nuevo sentido de lo individual. Pero en el proceso, tocará despojarse de sus últimos vestigios de identificación con  algo que iluminó el pasado.

El Cuarto par de pétalos de nuestra rosa, divide el ciclo en dos nuevos hemiciclos, el de la Acción y el de la Reflexión.
Pero veamos todo esto dividiendo las ocho fases sobre el mismo gráfico, para que el lector las vea con más claridad.

El hemiciclo de la Acción comienza en la fase 2 -Creciente-, con la aparición de la luz sobre la faz de la Luna, donde la importancia reside en la capacidad del nuevo impulso para generar acciones, y donde son las acciones que han de empezar a mostrar un sentido de dirección emergente.

Al llegar al final del hemiciclo de la Acción, al comenzar la fase 6 -Luna Gibosa Menguante-, mientras la oscuridad comienza a recuperar terreno sobre el rostro aun ampliamente iluminado de la Luna, uno ya vé con toda claridad cual es el resultado de sus acciones, y aquí lo importante será comenzar a re-evaluar por qué hace uno lo que hace, y para qué?
Al final de este hemiciclo de la Reflexión, se genera una nueva actividad.

Al combinar y observar todos estos hemiciclos al interior de cada una de las diferentes 8 fases de la Luna, obtenemos una coloración y un clima particular a cada una de ellas, que nos ofrece más información aún.

Cada hemiciclo queda repartido entre cuatro fases de la Luna, que lo dividen.
El hemiciclo se subdivide así en cuatro sub-fases.
El inicio de cada fase de la Luna, por lo tanto coincide con una sub-fase 1 de un hemiciclo, una sub-fase 2 de otro, una sub-fase 3 de un tercero y la sub-fase 4 de un último hemiciclo.

Entender que -por ejemplo- el comienzo de la fase 8 -Balsámica- atraviesa:
la última etapa de Interiorización… (último cuarto del hemiciclo Int)
en lo Subjetivo de…(segundo cuarto de hemiciclo Sub) 
una plena Reflexión que…(ecuador central de hemiciclo Ref)
lo adentra en lo Individual. (primer cuarto de hemiciclo Ind)

Y el comienzo de su fase opuesta, la fase 4 -Gibosa Creciente- intersecciona:
el límite de una Exteriorización…(último cuarto de hemiciclo Ext)
en el plano de lo Objetivo…(segundo cuarto de hemiciclo Obj)
que desde un máximo nivel de Acción…(ecuador central de hemiciclo Acc)
lo introduce en lo Colectivo…(primer cuarto de hemiciclo Col) 

Estas representaciones asociadas a los diferentes ciclos solilunares en progresión nos aportará una perspectiva de orientación adicional sobre el sentido del devenir de la experiencia de un periodo determinado, en función de la cualidad simbólica de ese periodo -fase lunar-, y desde una voluntad que es de entrada… inconsciente.

Digo inconsciente, porque nadie -de entrada- sabe conscientemente nada de esto. Es La-Naturaleza-Misma en su constante devenir, no hay deliberación.
Nos movemos en la ignorancia, y el fino hilo conductor se pierde con facilidad en cualquier punto del camino. El grado de fertilidad o esterilidad del intento de la vida, solo aparece con el tiempo. Pero tomar conciencia de ello ayuda a poner en perspectiva muchas cosas, que a uno anteriormente se le escapaban.

El resultado final de esta observación, puede ser una re-constelación de la historia personal. Uno se ubica.

La experiencia me ha enseñado que estos ciclos son raramente lo más significativamente palpables en nuestras vidas, ya que lo más común es pasarse la vida agitandose alrededor de una tal cuadratura o planetas en tal o cual casa, sin ver nada más, pero eso no quita validez a la técnica, pues el hecho de que la mediocridad sea lo más estadisticamente abundante y astrológicamente demostrable no es óbice para justificar la mediocridad como estatus-quo para todos. Demonos un respiro, y una oportunidad.

A veces, un ciclo solilunar progresado nos cuenta la historia de un dilema fundamental en la vida del sujeto que dolorosamente va condicionando con experiencias determinantes el hilo conductor de su devenir en la vida.
Este dilema suele aparecer cada vez alrededor de las cuatro fases principales, 1, 3, 5, y 7.
Reconocer la existencia de ese dilema, por muy desolador que sea, permite la posibilidad de concebir que quizás la vida quiere que nos enfrentemos a ese dilema, y en eso consiste la obra personal, y el camino. Si no, sencillamente no aparece inscrito de manera síncrona con el ciclo.

Pero en algunos casos, y sobre todo cuando el espíritu del individuo está alimentado por una vocación clara y contundente, los ciclos solilunares te contarán su historia con una precisión inigualable por ningún otro sistema de medición astrológico. Ver aquí tambien los aspectos del Hyleg, o Luna Nueva anterior al nacimiento.
En la mayoría de los casos la luna progresada se muestra en la vida muy claramente a través de los signos del zodiaco y no por medio del ciclo solilunar, pero creo que eso nos indica que la mayoría de nosotros andamos atrapados en “la rueda del mundo”, es decir, el campo de experimentación de lo aparente donde nuestras pulsiones inconscientes se desenvuelven con mayor naturalidad.

En el caso que, un individuo -sistemáticamente- no parezca reaccionar frente a lo descrito por la luna Progresada en los signos, o por el ciclo solilunar, invariablemente eso será síntoma claro de que la persona o anda totalmente perdida por la vida, sin brújula ni norte, o ha alcanzado un estado de liberación interior absolutamente extraordinario, o el astrólogo no ha sabido mirar en la dirección adecuada.

Consideraciones de largo alcance se evidencian por si mismas al combinar todas estas dinámicas. Pero en lo que respecta al ciclo solilunar, estas elaboradas construcciones no están hechas para ser utilizadas como recetas de interpretación. Son solamente abstracciones que sirven al astrólogo para penetrar intuitivamente en la naturaleza de lo que se manifiesta.

Solamente cuando se hace un trabajo de reflexión profunda acerca de la propia biografía aparecen con total claridad las sincronicidades que a uno anteriormente le habían pasado desapercibidas. Desde ese lugar, la visión de todas las vicisitudes de la existencia, propias y ajenas encajan en una cartografía perfecta.
Estas son herramientas de grán sutileza, y por eso no son para nada recomendables para pronosticar eventos concretos.

He llamado a esta rueda La rosa azul de Alejandría, pero la verdadera rosa es lo que el peregrino va buscando, la cualidad invisible, la que otorga el potencial de cada instante del devenir de la existencia como un lugar de destinación, donde la Luna…se siente en casa.

Extraido del libro Progresiones Secundarias dela luna y el devenir de la existencia.

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