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La astrología desde la memoria

Para las antiguas civilizaciones agrícolas de las cuencas del Indo, del Tigris y Eufrates y del Nilo, la predicción meteorológica era de enorme importancia, porque dependían de las crecidas de sus ríos para asegurar su prosperidad, y fueron estas civilizaciones las que desarrollaron las más elaboradas observaciones astronómicas, con el objetivo de dotarse de calendarios fiables.

La astronomía es originalmente una herramienta de orientación en el espacio y en el tiempo y  responde a la aspiración de descubrir la correlación existente entre los fenómenos celestes y los fenómenos terrestres, afín de poder predecir estos últimos.

La astrología continua fiel a este anhelo, y su edificio simbólico es la herencia de esas antiguas civilizaciones que hicieron progresar las comunidades humanas del paleolítico hasta el neolítico.
Desde el fuego y la rueda, hasta la escritura, la cerámica y la metalurgia, la astronomía-astrología es uno de los pilares que sustentan el dominio humano sobre su entorno. Y la mitología es más que a menudo un lenguaje poético en el que la tradición oral perpetua el conocimiento heredado de las generaciones anteriores, y que se sustentan en fenómenos astronómicos cuyo significado es esencial a esas culturas.

Egipto era una civilización agrícola, cuyo pueblo vivía en los márgenes del Nilo, y cada año pasaba por un periodo de sequía seguido de un periodo de abundante humedad  por la crecida del rio.
El año agrícola egipcio comenzaba con la crecida del Nilo, cuando las nieves de las montañas de Etiopía y áfrica central se derriten alimentando sus cuencas. Los cultivos estacionales que llenaban los graneros del imperio necesitaban toda esa agua.. Por lo tanto era de crucial importancia  poder anclar en un fenómeno astronómico la predicción del inicio de las inundaciones.

Este fenómeno era la ascensión heliacal de Sirio.
La ascensión heliacal de una estrella tan brillante como Sirio era una hermosa e importante ocasión para aquellos que empezaron a observar estas cosas.
Cuando Sirio puede ser vista en el oeste poco después de la puesta de sol, cada tarde brillara menos mientras se sumerge en el halo solar hasta que finalmente deja de ser visible. A esto se le llama el ocaso heliacal de la estrella. Estando muy cerca de la longitud del sol, permanece invisible durante un periodo que los egipcios calcularon alrededor de setenta días, aunque la duración depende de la declinación de la estrella y la latitud del punto de observación.

Después, cuando el sol ha avanzado en su trayecto por la eclíptica, una mañana, en el cielo oriental nocturno antes del amanecer, iluminado con el halo anaranjado del alba, aparece el titileante brillo de una estrella, Sirio, que no estaba allí el día anterior. Este es el retorno de la estrella, que precede la crecida del Nilo, el retorno de las inundaciones y de todo lo que es verde y crece abundantemente.
Podemos imaginar a los observadores egipcios del alba, celebrando esta aparición que marcaba el final de la estación seca.
Esta ascensión heliacal de Sirio, es el origen del mito del Fénix.

La leyenda dice que el Fénix se consume en las llamas y regresa a su lugar de nacimiento, que es el desierto que se extiende entre el Nilo y el Mar Rojo. Allí arde hasta su muerte y una nueva ave resurge de las cenizas de la anterior.

En realidad el fuego en el que el Fénix muere es el resplandor del sol, y nace en el desierto arábigo porque ese es el horizonte del levante en Egipto.
Los mitos también mueren, y hoy en día, debido a la precesión de los equinoccios Sirio aparece en el horizonte a mediados de agosto, demasiado tarde para ser de ninguna utilidad a la agricultura, pero en los tiempos antiguos de las dinastías de Egipto, Sirio precedía la crecida del Nilo.
En aquellos tiempos, hace más de 3000 años, la “apertura” del año era la aparición de Sirio, y el Día de Año Nuevo era de hecho el día de la Luna Nueva posterior a la aparición del Fénix. La razón por la cual no era la ascensión de Sirio el comienzo del año es que en las diferentes latitudes del extenso imperio egipcio a lo largo del Nilo, Sirio no aparecía en el horizonte el mismo día en todas partes, y por esta razón era más práctico comenzar el año en la Luna Nueva siguiente. Los egipcios no comenzaban el mes lunar con la aparición del primer creciente de la luna, como en otras culturas, sino dos días antes, durante la Luna Nueva.
Por eso, en el mito del origen del dios Horus se dice  que “Horus se provee de dos ojos en el segundo día del mes”.

En le valle de los  rios Tigris y Eufrates, donde está el actual Irak, apareció la civilización suméria, anterior a la egipcia, pero aficionada también a la astronomía. Hace 6000 años, los sacerdotes caldeos se erguían atentos, escaneando las estrellas sobre sus Zigurats de 30 metros de altura, cuyas cámaras  pinaculares eran ornadas de mosaicos de oro y piedras preciosas. Esto ocurría mil años después de la fundación de las ciudades de Kish, Shurupak, Ur, y Jamdet Nasr.

Después, la civilización sumeria fue conquistada por los acadios del sur de arabia, hace 5000 años. El periodo de los acadios llegó a su fin con la llegada de los amoritos, y allí entonces Babilonia surgió en toda su eminencia hace 3800 años. Los asirios copiaron la herencia de los babilonios, hace 3000 años, luego vinieron los persas hace 2500 años, luego los macedonios de Alejandro, y sus sucesores los seleucidas, y los arsácidas entre 250 a.c. Y 230 d.c. Y así sucesivamente hasta que el 7º de caballería de Michigan bajo las ordenes de Bush llevó por fin la democracia a esas tierras de bárbaros sin cultura.

El zodiaco se originó en esas tierras, y al nombrar  las constelaciones, nuestros ancestros proyectaban sobre la eclíptica el ritmo y secuencia de la vida en sus comunidades. Cuando la luna estaba llena frente a Virgo, eso indicaba a los babilonios que pronto verían las verdes espigas de trigo irguiéndose frescas al interior de sus virginales fundas.

El zodiaco es originalmente un calendario de actividades y rituales, y deriva de la simple constatación de que todo en la vida es recurrente (circular), y se repite una y otra vez. Si se repite más de una vez, entonces hay algo pre-determinado, intrínseco, y por lo tanto predecible.

Uno de los recientes descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro demuestra que existe un lapso de tiempo que puede llegar a ser de hasta 10 segundos, entre que el cerebro tome una decisión, y la mente “consciente” decida ejecutarla. En ese lapso de tiempo no hay deliberación interna, la decisión ya ha sido tomada.

Llamemoslo “ser interior”, “espíritu” o “memoria inconsciente”, a menudo aquello ya ha decidido que resultado pretende obtener, o el evento que desea provocar, como resultado de toda una linea de pensamiento o acción.

Pero aquello no ocurre en la “mente consciente”, así que las personas no sabemos por qué nos está pasando esto o aquello. El futuro, se nos aparece naturalmente como algo “que no existe”, y que parece impredecible, y sin embargo, al contrario, “algo” ha sido definitivamente decidido de antemano, pero no por la mente consciente.

Predecir el futuro no es imposible, cuando entendemos la estructura de nuestra realidad en el tiempo no como un fenómeno lineal, sino como el fruto de una estructura circular intrinsica.
Para romper el circulo vicioso, uno primero se hace consciente de lo inconsciente, es decir, del personaje interno que predetermina nuestras decisiones. A partir de ahí, una nueva posibilidad surge.

Ese es El Umbral de la Memoria, que es uno de los más atrevidos y pioneros métodos de  investigación de la Carta Natal.

 


 

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